Sublevación Vaginal o el llamado de Hillary Clinton

Por Reynaldo Soto Hernández

hillry sexySi hay una mujer pública que ha sido humillada por su marido en los Estados Unidos de las peores maneras posibles, esa ha sido Hillary Clinton. Los múltiples escándalos sexuales de Bill a lo largo de los años, que con su característico cinismo logró sortear negando acusaciones o pagando acuerdos monetarios, y que tuvieron su cumbre en el escándalo de nivel internacional protagonizado por éste cuando se involucró en una relación de carácter sexual con una joven pasante, mientras era presidente de los Estados Unidos, sin dudas han hecho una profunda mella en la psicología de Hillary Clinton.

Una mella que ella ha querido superar de la manera más proactiva posible, compitiendo con su marido en política. Porque no caben dudas de que esa necesidad compulsiva de la señora Clinton por llegar hasta la Casa Blanca no es otra cosa que un desesperado intento por demostrarle a su marido que ella puede ser igual o hasta mejor que él. Jacqueline Kennedy, otra primera dama también engañada por su marido, (casualmente también un presidente demócrata), con todo tipo de mujeres, incluyendo prostitutas, mientras ambos vivían bajo el mismo techo en la Casa Blanca, optó por vengarse de aquel poniéndole los cuernos con Aristóteles Onasis, un millonario griego con quien tras la muerte a tiros de su marido, terminó contrayendo matrimonio.

A Hillary infortunadamente para nosotros, le ha dado por querer ser presidenta, cuando hubiera sido mejor que se hubiese involucrado con algún jardinero o un guardia del Servicio Secreto. Tan profundo es ese sentimiento que hace pocos días la señora Clinton se traicionó psicológicamente a sí misma refiriéndose a Donald Trump como su esposo, en vez de como su oponente en la carrera presidencial. Es así como quienes vivimos en este país nos encontramos ante una persona que aspira a presidir nuestro gobierno no para servirnos a nosotros como ciudadanos, sino para servirse a sí misma como mujer engañada. Y para servirse a sí misma, nada menos que en una venganza personal contra su marido, está utilizando a millones de personas, incluyendo indudablemente a otros millones de mujeres engañadas por sus propios maridos, dispuestas a votar por ella.

Sería desastroso para este país, enredado en estos momentos en rebeliones de negros contra blancos por supuestamente sentirse discriminados por estos, y de inmigrantes contra el sistema migratorio, también por supuesta discriminación, entre otras pequeñas rebeliones de “minorías”, todas alegando las mismas causas, vernos envueltos en una sublevación vaginal, como elucubran los seguidores de la Clinton haciendo hincapié en su género como un factor importante para convertirla en Comandante en Jefe.

Creo que si la señora Clinton no gana la presidencia en estas elecciones, quienes se tengan que encargar de cuidarla en su decrepitud dentro de pocos años, podrán ser testigos de escenas casi cómicas, con la anciana dando órdenes al fontanero de que mueva las tropas hacia el patio de la casa para repeler una quimérica agresión rusa, o pidiéndole a la cocinera que la ayude a esconder galletitas dulces como si fueran correos electrónicos secretos, en algún rincón de la cocina. Y obligando a todos a referirse a ella como La Presidenta.

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