The New York Times, la tinta de la infamia

octubre 31, 2015 2:27 pmComentarios desactivados en The New York Times, la tinta de la infamiaViews:

¨Por Alberto Perez Amenper

nyEstá en el tintero el enfrentamiento  de Ted Cruz con el comentarista de CNBC y periodista del New York Times John Harwood.  Esta es una nueva noticia en estos días, es algo nuevo ahora, pero para los cubanos que hemos vivido la infamia del New York Times a través de nuestra vida, esto no es nada nuevo.

El periodista del New York Times, Herbert Lionel Matthews, en 1958,  sabía que no hay mentiras más poderosas que los mitos, que no hay verdades más frágiles que las que nadie quiere oír.

Así que cómo los mitos son bien recibidos decidió crear uno: un guerrillero tipo Robín Hood en los bosques de la Sierra Maestra.

Eran los días del cha cha cha de la guerra fría, cuando los Estados Unidos flexionaron su músculo militar en todo el planeta y los norteamericanos vivían como si solo les preocuparan las letras del coche y los juegos de pelota y football.

Fue entonces cuando Matthews viajó a las impenetrables montañas cubanas y volvió con una sensacional noticia de primera página, una exclusiva mundial de The New York Times: Fidel Castro, de quien se pensaba que había muerto desde hacía meses, se encontraba bien y dispuesto a hacer la revolución en Cuba. Su firma, tomada de las notas de Matthews, fue reproducida debajo de una fotografía de Castro saliendo del bosque con un rifle de mira telescópica al hombro y una mirada llena de inocencia, declarando que era amigo de los Estados Unidos y enemigo del comunismo.

La entrevista a Castro en su escondrijo se convirtió en un punto de inflexión de la historia de Cuba y de los Estados Unidos, porque marcó el inicio de la carrera de Castro hacia el poder.

De pronto la gente de los medios de comunicación comenzó a presentarse como imparciales perseguidores de “la verdad”. Fue el sesgo hacia fuera en frente y en su lugar los medios de comunicación sí mismo envueltas en un aire nuevo de la separación, una nueva versión de los hechos.

Matthews también estuvo con Castro el día del triunfo de la revolución, donde recibió un premio por su labor como creador del mito.  En aquel principio (1959) Fidel tuvo el apoyo de un 90% de la población cubana y la admiración de toda América, incluyendo a los Estados Unidos, y hasta gran parte del resto del mundo,  que no supo darse cuenta de lo que podía significar esa revolución porque nunca supo la verdad sobre Fidel, sólo la verdad que les enseñó Matthews y el New York Times.

Convirtieron en héroes a Castro y a Matthews, al menos por un tiempo.

Los otros combatientes contra el régimen de Batista, fueron ignorados y separados de la revolución por la figura de Fidel creada por Matthews y la prensa liberal de los Estados Unidos con el New York Times a la cabeza-

Seamos realistas, el sesgo de los medios de comunicación liberales ha estado con nosotros por un largo tiempo en que han sido los liberales los que han tomado la posición  para hacer la “divulgación” de las noticias. Pero este hecho debe sorprender a nadie. Después de todo, los medios de comunicación siempre se han llenado de prejuicios de un tipo u otro aunque había diferentes periódicos con diferentes puntos de vista.

Pero en los finales de los años 1950 y 1960 fue que todo cambió. De pronto la izquierda empezó a tomar posiciones en todos los medios de comunicación.

Esta nueva era en opinión de los medios coincidió con el advenimiento de una mentalidad liberal que asumió el peso del mundo, una nueva era en la que los liberales sentían que sus ideales se elevaban por encima de Dios, la tradición y el país.

De pronto el  trabajo de un periodista era divorciado de entorno tradicional de la nación,  y se convirtió en una profesión cada vez más asumiendo una agenda nacional e ideológica, alimentado por unas escuelas de periodismo y profesores liberales que comenzaron a vomitar un número de entrenados “periodistas” con una agenda de izquierda. Estas personas entonces salieron para reemplazar a los reporteros locales curtidos que fueron castrados de su cultura política local.

Esta nueva ola de “periodistas” no quieren informar lo que está sucediendo en sus noticias locales o nacionales, lo que tratan de reportar a través de sus noticias es su agenda de cómo “salvar el mundo” con su agenda socialista.

Y el New York Times es como el sumo pontífice de esta nueva religión, es el papa de los periódicos liberales.  Hoy es John Harwood, ayer fue Herbert Matthews, mañana será otro nombre, la persona no importa, lo que importa es la filosofía que están tratando de imponer en la nación.

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