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Published On: Mie, Jun 4th, 2014

Tiananmen: Un cuarto de siglo.

Por Nancy Perez-Crespo

tiananmen-tanque--644x362Hace 25 años, el mundo contempló, atónito, la imagen de un hombre enfrentado a un tanque de guerra. Esa foto fue tomada por Jeff Widener en la Plaza de Tiananmen, el 4 de junio de 1989.

Un cuarto de siglo ha pasado desde que un 15 de abril un grupo de jóvenes estudiantes iniciara las protestas que culminaron ese fatídico 4 de junio que sacudió a Pekín y casi derribó el gobernante Partido Comunista Chino.

La protesta recibe el nombre de plaza de Tiananmen porque fue lugar donde el Ejército Chino, sanguinario y feroz, aniquiló la movilización. Los manifestantes provenían de diferentes grupos, especialmente estudiantes e intelectuales, que protestaban contra un gobierno represivo y corrupto. Sin embargo, el paso del tiempo dificulta comprender la dimensión exacta de esas seis semanas de protestas en todo el país y la brutal represión que comenzó a partir de ese hecho.

En la China de hoy, un gran número de personas ignoran o apenas son conscientes de lo que ocurrió en 1989 y desconocen esa imagen del hombre en solitario, desarmado, indefenso, enfrentado a un tanque.

Pero más desalentador es el vacío que rodea el tema en el país donde ocurrió. Las autoridades chinas han tenido mucho éxito borrando los hechos de la memoria pública. Satanizando a los protagonistas de las protestas y propagando mucha desinformación sobre el movimiento pro-democracia y nacionalista de los manifestantes tildándolo de desafiante y populista.

La escritora Louisa Lim para su libro «La República Popular de la Amnesia: Tiananmen Revisitada», entrevistó a un centenar de estudiantes en cuatro universidades de Pekín y los enfrentó a la fotografía del «hombre del tanque», esa figura solitaria y anónima que bloqueó una columna de tanques en el centro de Pekín, desafiando la represión. De los 100 participantes en la encuesta secreta solo 15 identificó la imagen correctamente. 

Es común encontrar en China ciudadanos que nieguen que ocurriera esa atrocidad, alegan que no sucedió en absoluto. En el libro «Tiananmen: Voces de la lucha por la democracia en China», su autor Rowena Xiaoqing describe que los jóvenes insisten en que «los asesinatos no tuvieron lugar» y que «la masacre fue sólo una historia inventada por los americanos o que «si algo ocurrió fue todo una conspiración de la CIA».

El ahora multimillonario chino, Jack Ma, fundador de Alibaba, el gigante del comercio electrónico, mismo que próximamente entrará a la bolsa de valores, dijo que aunque la represión contra los manifestantes fue «cruel», había sido «la decisión correcta». Este sentimiento se escucha habitualmente en los hogares en China, e indudablemente, entre los nuevos capitalistas y también, en la generación más joven que ha interiorizado la línea del partido.

China es hoy una sociedad fascinada por la riqueza y la generación post-Tiananmen está empeñada en salir adelante, sin mirar a los lados y mucho menos al pasado. Estos son ciudadanos chinos típicos, producto del sistema educativo con grilletes y medios de comunicación censurados o filtrados. La falta de curiosidad e indiferencia a la verdad histórica abundan en una China que se ve avanzando, a toda velocidad, hacia el futuro, que engañosamente, ellos ven promisorio.

El «Gran Olvido» como lo llama la escritora Louisa Lim, comenzó con la coacción del Estado, con sus premios y castigos y su vasta manipulación de la información a partir de los medios de comunicación, de la edición de libros de texto y la censura de la Web. Pero ella también señala factores secundarios. Los padres para proteger a los niños, no le transmiten su propio conocimiento de primera mano de lo que sucedió. Ella observa que el Sr. Zhang —una vez #19 de la lista de los más buscados por el gobierno—, nunca habla con su esposa, mucho más joven que él, del movimiento o de lo que ocurrió ese 4 de junio.

La esposa y sus jóvenes amigos no están interesados en el tema. La razón por la que no les gusta hablar de 1989 no solo se debe a que es un tema políticamente sensible o porque los hace sentir incómodos. Simplemente, no lo conocen o no quieren conocerlo.
Es indignante constatar cómo los bienes materiales logran desterrar de la memoria de un pueblo, un hecho tan trascendental, que sin lugar a dudas es prueba de lo que esta autora llama como la «República Popular de la Amnesia». Y es indignante porque es el pueblo mismo que se ha confabulado en esta amnesia y hasta la ha abrazado.

En conclusión, en China, la mayoría de los ciudadanos solo persiguen una vida ordinaria, poder comer y trabajar con o en el gobierno, pero siempre como esclavos. La libertad, en su sentido más amplio, no la conocen y NO la han vivido, porque en China solo hubo cambios económicos.

Hay un grupo numeroso, unos 300 millones, a los que el tema de la amnesia patrocinada por el estado le ha venido a pedir de boca: ahora son ricos y poderosos cortesanos, fieles servidores de la dictadura. Aparte de ese grupo, allí también mal viven, en un sombrío desamparo, más de mil millones de chinos, sometidos a condiciones míseras. A ellos les suprimieron el pasado y adoctrinados y desinformados como están, se creen que viven en el paraíso comunista.

Pero es indudable que la dictadura China ha tenido en Occidente el mejor aliado, principalmente, desde el primer viaje de Richard Nixon, todos los gobiernos norteamericanos y sus empresarios avariciosos, que prefieren pagar a centavos la hora de trabajo esclavo de los chinitos aunque en los Estados Unidos nos ahogue el desempleo. Ellos cubren con silencio cómplice su desvergonzada actitud mercantil.

Hace muy poco unos 40 comerciantes, algunos americanos y otros cubano-americanos, mandaron una cartica a Obama para que les permita ir a Cuba a llevarle a La otra China, empresas y negocios. Y aunque Carlos Saladrigas lo niegue, es sencillamente el modelo chino, ese mismo modelo el que ellos quieren llevar a Cuba, para enriquecerse aún más y para que los cubanos continúen una vida miserable a base limosnas, dádivas y truculencias.

El gobierno chino aún considera aquellas protestas como una «rebelión contrarrevolucionaria» y se niega a reconocer sus errores y no han compensado a las familias de las víctimas. Se estima que todavía permanecen en prisión por aquellos hechos seis personas. China, a pesar de las reiteradas peticiones de distintas organizaciones de derechos humanos, se niega a hacer pública la lista de todos los que murieron, fueron detenidos o siguen desaparecidos. 

Aquí en nuestro traspatio hoy, tenemos una posible Plaza de Tiananmen. En Venezuela son principalmente los estudiantes los que están enfrentando a la dictadura, no podemos permitir que los tanques de Maduro o de Diosdado Cabello los aplasten. El mundo libre no lo puede consentir. Ya es hora de que Estados Unidos pare de comprar petróleo con sangre, de vender y comprar a la dictadura.

Debe de pedir a los gobiernos, como el de Juan Manuel Santos de Colombia, que no juegue más con la vida de los estudiantes venezolanos. Estados Unidos tiene que requerir del mundo solidaridad para con los demócratas venezolanos, principalmente a los países del área, que tanto dinero reciben de nuestro país, a ellos les tiene que exigir más.

Esa actitud endeble y floja debe de quedar atrás. Es urgente que la administración del presidente Obama inicie una campaña a favor de los demócratas venezolanos. Decretar medidas de emergencia y como siempre decía mi suegra: «tiene que ponerse los pantalones» y plantar mano dura, porque solo así, vamos a evitar otro Tiananmen en Venezuela. Ojalá no ocurra.

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