TRANSICION CUBANA: DE COLONIA SOVIÉTICA A UNA APÁTRIDA

Roberto A. Torricella

TORRICELLAHay coyunturas históricas en la vida de los pueblos que determinan su futuro por períodos más o menos largos y, aún en ciertos casos, indefinidamente. El efecto de esos cambios depende de una serie de elementos que se influyen mutuamente, entre otros, nuevas instituciones, sistemas legales, factores económicos, sociales y psico-culturales que al interactuar entre si producen desviaciones cualitativas más o menos perdurables. Esto dependerá del impacto, profundidad y el modo, manera y tiempo, en que modifiquen el rumbo establecido de una a otra sociedad.

Al aunar esfuerzos para reconquistar ese derecho elemental de la libertad tan ansiada y que tanto sufrimiento y sangre ha costado a Cuba, no podemos cometer de nuevo el magno error de creer que todos los caminos son igualmente deseables para alcanzar la libertad. Ante el desespero, la irreflexión, y el interponer intereses personales como sucedió en Cuba, no olvidemos cuando muchos creían en los años cincuenta que lo único que se debía pensar era dar al traste con el gobierno de entonces, de cualquier forma que esto fuere posible, independientemente de lo que sucediere posteriormente. Desafortunadamente, estamos todavía pagando el precio por el apoyo irreflexivo que muchos prestaron –muy en especial las clases altas y medias cubanas- a aquellos que disfrazados de libertadores resultaron ser nuestros peores verdugos. ¡Qué terrible sería volver a ser víctimas una vez más de la impaciencia y la acción festinada en nuestros asuntos patrios!

No se puede reconciliar el poder despótico y arbitrario con el estado de derecho y las libertades personales. Para dar inicio a un proceso de transición, es imprescindible la terminación del control totalitario que ejerce el comunismo sobre el estado, gobierno y sociedad. Sin el cumplimiento de esa condición, nada es posible. Es absolutamente necesario entender esta realidad para no caer en la trampa de intentar reformar lo que es constitucionalmente irreformable. Ni se logra alcanzar la libertad por vía de la modificación del totalitarismo, ni es dable crear una economía social de mercado a partir del colectivismo y la planificación central.

La revolución comunista se insertó en una coyuntura política compleja en el curso de nuestra historia, a la vez que impactó un proceso en marcha de acelerada modernización de nuestra sociedad. Transcurría un período crucial en que nos transformábamos espontáneamente en una sociedad de alto grado de desarrollo económico dentro del marco institucional de nuestra cultura occidental. El Castrismo dio al traste con ese proceso benéfico que hubiera rendido abundantes frutos de haber podido evolucionar libremente, despojándonos como pueblo de lo que marcaba nuestro destino y robándonos de nuestro contenido cultural e histórico.

Es por todo lo que precede que reiteramos nuestra firme oposición a todo proceso de transición o cambio con la pretendida anuencia, tolerancia o colaboración del presente régimen totalitario que aherroja a Cuba o de cualquier gobierno total o parcialmente sucesorio del mismo, representado por aquellos que han sido los máximos responsables de la tragedia que ha sufrido el pueblo cubano por cincuenta años.

De no ser erradicado la ignorancia, desidia e irresponsabilidad extrema que caracteriza al castrismo, en unión de la vesanía ilimitada que le es inherente, le depara a Cuba el último y más permanente de los daños: la pérdida irrecobrable de su potencial como sociedad progresista y modernizante dotada de sus rasgos y perfil propio, orgullo legítimo del carácter nacional del cubano.

La nación corre el riesgo inminente de pasar de colonia soviética a una colonia apátrida a merced de una dualidad representada por poderosos elementos foraneos de un lado, y por los espurios intereses de una clique procastrista del otro, la cual a la sombra de una amañada transición, pretende legitimarse en el poder político y en la rapiña económica.

El pueblo cubano tiene el derecho y deber indeclinable de fijar su propio destino y buscar su bienestar en los términos que libremente escoja. No admitimos una libertad a medias. Cuba merece ser plenamente LIBRE y SOBERANA.

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