TRES PAPAS Y UNA SOLA revolución

Por Pablo de Jesus

tres-c3baltimos-papasEl Papa Francisco en Cuba. Campanas al vuelo, misas, rosarios y una fe esperanzadora bañando las calles de La Habana. Una Habana que, como una vieja pizpireta, maquillan a toda prisa para taparle las arrugas del sufrimiento. Un Papa que, dicen algunos, ha obrado el milagro bíblico de hacer pasar por el ojo de una aguja al camello de dos jorobas. Con la salvedad de que éstas jorobas costrosas son las únicas que han conocido varias generaciones de cubanos en 56 años de vida, y de que la aguja es un mulato flaco y alto, empeñado en zurcir a toda costa su legado para la historia. Un legado similar a aquella sobrecamas que nuestras abuelitas componían con retazos viejos y multicolores, que con el tiempo se fueron desprendiendo por obsoletos.

El Papa Francisco en Cuba en una visita más simbolica que espiritual, como fueron las visitas de dos Papas anteriores, porque cuando sus santidades desaparecen en el cielo, después de bendecir a la isla y a sus isleños desde la escalerilla del avión papal, el cuartico sigue igualito. Aunque hay opiniones sobre ésto. Para algunos, desde aquella visita de Juan Pablo II en 1998, las cosas comenzaron a cambiar cuando soltó aquella frase bonita, y de una sóla vía: “Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba”.

El Papa Francisco en Cuba. Otro milagro de un sistema cubano que en 56 años ha cultivado tres Papas. Suficientemente dosificadas para que el pueblo viva de esperanzas. Lo señalé en aquella primera crónica que desde entonces me he empeñado en poner en este muro mio cada domingo. El 20 de diciembre de 2014, cuatro dias después de que el negro de la Casa Blanca llamara al blanco de la Casa Negra para restablecer relaciones, escribí: “Vivir de esperanzas es el deporte preferido de los cubanos. Lo practicamos a diario. Lo mismo los del exilio que los del incilio”.

En aquel primer trabajo me hacía una pregunta, que con el tiempo resultó retórica: “¿Tendrá impacto en la vida cotidiana del cubano la normalización de relaciones con Estados Unidos?”. Predije, con ese afan que tenemos los fanáticos deportivos a dar pronósticos, que se acabarían las palizas a la disidencia y los cubanos descansarían del calvito machacón que les martiriza a diario desde la mesa retonta; se eliminaría también el dia de haber para las Milicias de Tropas Territoriales y disminuiría el flujo de balseros hacia Estados Unidos, porque “ahora el antiguo enemigo deviene en amigo más cercano”.

Como buen cubanólogo, me equivoqué en todo. Las palizas aumentaron, el calvito permanece ahí, más machacon y miope que nunca, a los cubanos le siguen quitando un dia de paga de su salario mensual para entrenar a unas milicias dedicadas ahora a dar las palizas que el calvito justifica por la televisión. Y los balseros siguen llegando a raudales, en busca de papas de verdad.

Cuarenta han sido las semanas desde que escribí aquella primera crónica, y 40 fueron también las semanas que el Papa Francisco esperó para visitar a Cuba. Como 40 fueron los dias que Jesucristo permaneció en el desierto, tentado de Satanás, y 40 los dias que necesitó para resucitar de entre los muertos. Si hay dos jorobas que se parecen como gotas de agua, éstas son la Iglesia Católica y la revolución cubana: Símbolo y milagro.

El Papa Francisco en Cuba: misticismo, promesas de un paraíso, poner siempre la mejilla, con resignación y mucha fé. Y chuparse el cirio de un único Dios como principio y fin.

Pablo de Jesús
California, septiembre 2015