TRUMP RECUERDA QUE LA AGENDA MEXICANA NO ES EL CONQUISTADOR DE EE UU

Por Reynaldo Soto Hernandez

A la decisión de ampliar el muro en la frontera sur de los Estados Unidos y otras medidas contra la invasiva inmigración ilegal proveniente del área, que ha adoptado el recién electo presidente de los Estados Unidos Donald Trump, México ha reaccionado con soberbia.

Y en esta aquelarre de nacionalismo insolente no se han involucrado solo la mayoría de sus políticos profesionales de alto nivel, sino además casi todos los intelectuales, los profesionales, el mundo de la farándula chillona, la prensa y con ellos, el mexicano de a pie. 

A cada intención o acción conciliadora que haya podido partir desde el presidente Enrique Peña Nieto, la reacción de la sociedad mexicana, ha sido prácticamente una declaración de guerra. “No nos dejaremos”, “los intereses de México son lo más importante”, “a los gringos hay que hablarles fuerte”, y otras fases por el estilo son las que más se escuchan y se leen por estos días no solamente en México sino en los medios de prensa y partiendo desde todo tipo de organizaciones políticas y voceros que ese país tiene en nuestro territorio.

No es de extrañar que  para los mexicanos Estados Unidos ha sido siempre el culpable de todos sus males, el vecino ladrón que les impide desarrollar su sociedad, el gigante abusador a quién hay que combatir a intentar humillar de todas las formas posibles, en fin, el enemigo. Y cualquier acción que emprendan, cualquier pequeño logro en ese sentido que les haga sentir que se lograron imponer sobre el vecino, es considerado como una gran victoria.

Parte de ese patrón de pensamiento es la inmigración ilegal. Para los mexicanos, forzados por su gobierno o por ellos mismos, la parasitación que han venido haciendo de la sociedad norteamericana a través de la expulsión hacia aquí de millones de inmigrantes ilegales como mano de obra barata y de mujeres “paridoras” en su edad más fértil, que generalmente se reproducen de una manera descontrolada, para poner a sus hijos bajo la manutención del estado, es un gran triunfo, y más aún, pretenden que se les considere como un derecho.

Hasta ahora,  la clásica corrección política de los políticos norteamericanos tradicionales, que preferían permanecer silenciosos, o no llamar las cosas por su nombre, les había permitido ir escalando en sus exigencias, al extremo de que ya muchos defienden con furor la idea de que Estados unidos no tiene derecho a controlar sus fronteras ni a decidir quién puede vivir en su territorio nacional.

Ahora las cosas han cambiado y Trump ha vuelto a recordarles que no son el conquistador victorioso, sino la prima pobre que llega del campo a pedir prestado. Aprendan esa lección y acérquense a pedir con humildad o seguirán plantados donde están con la mirada y el gesto de soberbia, pero a los pies del gigante, que no hay mazo más demoledor que el de la realidad.

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