Un pintor censurado y un exilio inquebrantable.

Por Nancy Pérez-Crespo

Pedro Pablo en el estudio La Mina, La Habana VieaAl pintor Pedro Pablo Oliva, que ha recibido todas las distinciones y premios que otorga el régimen, le suspendieron la exposición «Utopías y disidencias», prevista para inaugurarse en el Museo de Arte de Pinar del Río, el pasado 10 de septiembre. El Ministerio de Cultura invocó al «derecho institucional» para justificar la censura de la muestra del famoso pintor pinareño.

En una carta al artista, el presidente del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, Rubén del Valle, admite que ejerció «el derecho institucional a tomar las decisiones» pertinentes «en la implementación de la política cultural».

Según Del Valle, es «ingenuo» no tener en cuenta que en el «contexto» de Pinar del Río «afloran paralelamente, individuos con posiciones beligerantemente contrarrevolucionarias que han encontrado en estas circunstancias un excelente caldo de cultivo en el que desarrollar su activismo político».

En una carta abierta, el pintor Pedro Pablo denunció la cancelación y pidió el fin del acoso de la Seguridad del Estado.

Hacer un paralelismo de la cancelación de esta muestra pictórica con lo sucedido aquí, en Miami, ocho días después, es de rigor y se hace necesaria una reflexión que prevendría tantas discordias y malos entendidos en esta ciudad.

Y que esto sirva de experiencia a nuestros funcionarios públicos, porque ellos no son Comisarios, ¿creo que no lo son o tal vez, sí?
Pedro Pablo Oliva es un ciudadano que vive en la Isla y es uno de los artistas plásticos más premiados y consentidos por la dictadura cubana.
Aunque mantuvo una actitud ambivalente en lo ideológico, al pintor no lo habían molestado porque sus obras eran vendidas en el extranjero y producían buenas divisas al régimen cubano. Pero error, PP comenzó a expresar (repitiendo puntual sus palabras) «sus inquietudes estéticas, sociopolíticas y filosóficas del momento». Ahí comenzaron los problemas, porque los artistas en la Cuba de los Castro, tampoco tienen derechos.
Si quieren prebendas, traducidas en conciertos en el antiguo teatro Blanquita (que ahora descaradamente llaman Kark Marx), o exposiciones, o libros publicados, amén de mejor vestir, comer, socializar y principalmente tener el privilegio de viajar al extranjero, estos artistas firman carticas (como la muy famosa donde apoyaron el fusilamiento de los tres negritos inocentes) o van a cantarle al tipo en Punto Cero. Aunque hay algunos, menos miserables, que lo hacen porque lo sienten en sus entrañas.
Pero cuando este elemento llega a Miami, como parte del manoseado intercambio cultural, se acoge a la «quinta enmienda» y enseguida alega que el arte no puede usarse para hacer «activismo político».

Además cuando viajan, muchos aprovechan para reclamarle a Obama la liberación de los cinco (que ahora son solo tres) y de paso culpar al embargo de que son feos y chiquiticos, porque de niños no pudieron tomar juguitos.

Desde luego, esos espécimen saben que tienen lo mejor de los dos mundos. Aquí ganan mucho dinero, el que jamás soñarían ganar y, en Cuba, tienen un estado protector mientras sean militantes y patria o muerte, chivatean y participen en las marchas.

Allí no permiten prensa rosa que divulgue sus intimidades. Sus más recónditos secretos están a salvo, mientras se porten bien. Pueden ser drogadictos o alcohólicos, pedófilos, ladrones y contrabandistas, incluso hasta pueden asesinar a un infeliz, que nada les pasa.

Y me pregunto ¿cómo es posible que existan leyes en los Estados Unidos que amparen a estos canallas? Les otorgan las visas para entrar. Les permitan actuar y cantar. Tener de representantes a unos supuestos empresarios que aquí viven, pero que en realidad son agentes de propaganda del régimen. Alquilan o les dan gratis, lugares públicos para sus conciertos. Lugares públicos, como el auditorio de Miami Dade, que se mantiene con nuestros impuestos. Nosotros pagamos, no solo el auditorio, pagamos el sueldo del alcalde Carlos Giménez, (por cierto que vergüenza debió sentir cuando el periódico «Granma» elogió su actuar. También pagamos el sueldo de una empleada que se llama Patricia Arbelaez, administradora del auditorio, que consintió que la mayoría de los asistentes al concierto del jueves 18, entrara al teatro por la puerta trasera (como ladrones) ocultando sus caras.

Y además, esta Patricia Arbelaez, permitió que falsearan las cifras de los asientos ocupados. Porque después que pregonaron que el teatro estaba vendido, resulta que no llenaron ni la mitad de la platea.

En esto hay otro miserables. Un reporterito del canal 41 que se llama Daniel Benítez. Este sujeto dijo que de los 2,372 asientos que tiene el teatro allí sentadas estaban 1200 personas. Falso. Este tipo va a tener que responderme quién le dio esa cifra. Ese es un número inventado que solo favorece a los planes del castrismo en contra del exilio.

Otro que encaré por la cifra canallesca que dio es otro reportero del canal 41 (se fijan que siempre es el 41. ¿Por qué será?). Este reportero es René Pedrosa, que aseveró, muy tajante, que en la acera de enfrente solo protestábamos 500 personas. Aunque alegó que la cifra se la dio la policía, eso es totalmente falso. Aún espero la llamada de Freddy Cruz, el vocero de la Policía de la ciudad de Miami (esta policía, que también pagamos nosotros).

De la canallesca cifra que dio el fotógrafo de «El Nuevo Herald», Roberto Koltún, no quiero ni comentar. Eso es «bad news».
En la protesta participaron más de dos mil almas. Yo personalmente conté, casi mil desde la 29 avenida hacia el oeste. De la 29 hacia el Este otros cubanos contaron más de mil. Y esto fue antes del aguacero que comenzó a las siete menos cuarto de la tarde. Con la lluvia muchos se retiraron pero, cuando escampó, llegó un gentío sorprendente que allí no se podía caminar.

Felicito a los que organizaron la protesta y a los que participaron, porque fue una jornada ejemplar. Yo lo disfruté, cumplí con mi deber de exiliada pero además ejercí un derecho que a los cubanos de la Isla les está vedado.

Por ellos, más que por nosotros mismos, debemos de mantener este exilio inquebrantable. En permanente salvaguardia. Porque tenemos que cerrarle las puertas a los enemigos de la libertad de los cubanos.

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