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Published On: Mie, Sep 13th, 2017

Una lanza por Zoé Valdés.

Por Ramon Muñoz YanezISLAS CANARIAS- La escritora, poetisa y guionista cubana que reside a la vera del Sena parisino, ha recibido por estos días el embate no de Irma, sino de ese sentimiento a contrapposto (entiéndase como retorcido) que albergamos muchos, cuando dejamos el malecón en el horizonte y nos asentamos allende el océano.

Es lo que tildo de Síndrome de la Conga Nostálgica Espiritual, no te sientes a gusto en una guagua vacía y cómodamente sentado, piensas con nostalgia en una guagua repleta y tú colgado en la puerta, repleto de adrenalina, a punto de impactar con un poste del tendido eléctrico en cualquier momento.

Esta etapa se cura con el tiempo, se va perdiendo el paladar enfermizo y se comienza a notar el buen café sin chícharos, el tabaco exquisito y las delicias culinarias antaño prohibidas, en la ínsula de los sacrificios, en esa patria torcida dónde al nacer, en vez de un culero nos ponían una premonitoria balsa. Pero el Síndrome de la Conga Nostágica Espiritual puede hacerse crónico en algunos casos y cursa con una ceguera amnésica severa y en este caso si es peligrosa, porque se acompaña de una Coprofagia Afectiva muy contradictoria: – Yo no estoy de acuerdo con muchas cosas, pero nadie me habla de Cuba – es una frase muy habitual.

Según leí en un post Zoé, relaciona al último huracán con el deseo que acabe con aquella “mierdeta”. Ahí comenzaron los gritos y los ayes de dolor incontenibles, iracundos y retadores. La versátil escritora usa de costumbre nuestro lenguaje, como en su inigualable Nada Cotidiana, dónde me sentí identificado con la descripción a través de Yocandra, del vacío espiritual provocado por la inundación de lo marginal, en la vida cotidiana del cubano de a pie. Zoé habla así, sin tapujos, sin ambigüedades ni ansias de perdurar a costa de quedar bien con todos, la tomas o la dejas, pero esa misma que se critica ha puesto el listón de la literatura contemporánea bien alto, en una Europa reticente a la publicación del foráneo. Cuando leí Lobas de Mar, me mostró el dominio del castellano elegante y atrevido con su forma particular de hacer y otra vez la aplaudí, pero cuando más la he aplaudido es cuando la he visto frente al consulado cubano en París, gritando por la libertad de Cuba. Ella, ahí, a puro pecho dónde otros se esconden y ella, que muy a pesar de muchos, pudiera estarse dando la buena vida en cualquier parte del mundo sin hablar de Cuba.

Zoé es nuestra, tanto como Cabrera Infante o Reinaldo Arenas. Cuba no es una “mierdeta”, creo que el término es poco cataclísmico, yo usaría el original de H.Zumbado, Cuba es una “Cagástrofe” en toda regla, más allá de las suceptibilidades de muchos. Ahora en pleno malecón, los del “Socialismo o Muerte” han puesto puntos de “venta” de comida para los afectados por Irma. Te la quito y te la vendo.

Dios nos coja confesados, pero coño, me sigo leyendo a Zoé, porque ella es la Cuba que yo quiero, libre, sin miedos y sin falsos rencores.
R.Muñoz.

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