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Published On: Jue, Jul 6th, 2017

“VEREMOS”.

Por Zoé Valdés.

“Veremos”. La palabra más repetida por Carlos Manuel de Céspedes en sus últimos Diarios de San Lorenzo, transcritos por mi en lo que fue mi trabajo de ‘servicio social’ en el Museo de los Capitanes Generales.

Recuerden que la alta sociedad cubana también lo estigmatizó, a pesar de pertenecer a ella, así como los líderes políticos y militares que lo rodeaban de manera hipócrita. Otro que dio su vida, y la de su hijo, por la libertad de Cuba. Su esposa, Ana de Quesada, murió posteriormente muy pobre en París; vendía coquito rallado para poder sobrevivir. La carta de Ana de Quesada a Manuel Sanguily reclamando los Diarios (confiscados) de su esposo es de una enorme pesadumbre.

El sufrimiento de Céspedes sólo es comparable al de José Martí, quien como sabemos fue un cespediano como ninguno. De Carlos Manuel de Céspedes escribió nuestro Apóstol:

“El extraño puede escribir estos nombres sin temblar, o el pedante, o el ambicioso: el buen cubano, no. De Céspedes el ímpetu, y de Agramonte la virtud. El uno es como el volcán, que viene, tremendo e imperfecto, de las entrañas de la tierra; y el otro es como el espacio azul que lo corona. De Céspedes el arrebato, y de Agramonte la purificación. El uno desafía con autoridad como de rey; y con fuerza como de la luz, el otro vence. Vendrá la historia, con sus pasiones y justicia; y cuando los haya mordido y recortado a su sabor, aun quedara en el arranque del uno y en la dignidad del otro, asunto para la epopeya. Las palabras pomposas son innecesarias para hablar de los hombres sublimes. Otros hagan, y en otra ocasión, la cuenta de los yerros, que nunca será tanta como la de las grandezas. Hoy es fiesta, y lo que queremos es volverlos a ver al uno en pie, audaz y magnífico, dictando de un ademán, al disiparse la noche, la creación de un pueblo libre, y al otro tendido en sus últimas ropas, cruzado del látigo el rostro angélico, vencedor aún en la muerte. ¡Aún se puede vivir, puesto que vivieron a nuestros ojos hombres tales!”. (Ensayo publicado en ‘El Avisador Cubano’, Nueva York, 10 de octubre de 1888).

Ambos padecieron el escarnio de sus contemporáneos. A ambos les impidieron expresarse como poetas y como políticos y también les prohibieron impartir conferencias en ciertos lugares. Hoy nadie se acuerda de aquellos censores. Pero todos sabemos quiénes fueron y son Carlos Manuel de Céspedes y José Martí.

Los tiempos no han cambiado demasiado, desafortunadamente. Veremos…

Zoé Valdés.

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